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Como roca volcánica cabalgas en mi mente
salvajemente capturas mis sentimientos
y absorbes poco a poco los pensamientos.
Libre, me incitas a buscarte.
Recorro los caudales de tu boca
me reflejo en tu piel cincelada
y amanezco como albita fundido
bajo los rayos del sol.
Libre, busco tu fuego.
Con tu imagen y mil deseos de encontrarte,
recorro los valles de tu cuerpo.
Mis manos moldean tu figura entre flechas y espejos.
Caen la hojas del tiempo en la quietud de mi alma.
Libre, a mí te entregas.
Juntos viajamos con el viento,
linda mapuche del tiempo.
Con tus artes eclipsaste el corazón y
Libre, libre me amaste!
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Roídas y carcomidas,
salian tus palabras
de la comisura de tus labios.
parecía eterno y distante el dia que nos amamos.
Bocanadas agrietadas
llegaban hasta mí envolviendome.
El tañir de una campana
me volvió a la realidad,
ahí te descubrí.
Indiferente tu mirada se perdía
tras la voluta azul,
el café se había enfriado en mi taza,
tiraste la ultima colilla con desgano.
Levanté la vista con valentía
y con una sonrisa, te dejé.
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Era su sonrisa
como sol de la mañana,
mansa como las olas
al llegar hasta la orilla.
Bronceadas sus arrugas
y su pelo tan rizado;
brillaba casi plateado
bajo la luz de luna.
Eran sus manos fuertes
algo ajadas por el tiempo,
de un acariciar suave
cuando caía el invierno.
Era mi padre el jardinero
que cuidaba de sus rosas,
romántico con mi madre
trovador para nosotras.
Era mi padre......
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Que tristeza tiene el alma mía.
Cada suspiro una lágrima que cae
inundando la mirada.
Mis manos caen al vacío.
Giran las luces a mi alrededor,
el aura azul penetra una vez más
y hace de mi piel jirones,
ahogando los suspiros.
Crece el dolor en el vientre,
las mascaras desfilan en silencio,
me invade la soledad.
La nebulosa de mi se apodera.
Olas y mareas, eterna batalla.
Luces y sirenas me traen de nuevo,
te busco en mi vientre, pero te has ido
sobre una espuma, mi querido hijo.
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Por los arenales huye el verano,
y los días pujantes decaen,
el viento nos envuelve acercando el otoño.
Las hojas crujen al caer arremolinándose en mi puerta.
Si hace poco eran retoños brillantes en primavera,
y en verano su sombra era agradable.
Hoy los ocres verdosos
se deslizan al compás de la brisa marina.
Días de otoño ya llegan,
el mar cambia su color
siento su fuerza en las noches,
bajo la luz de la luna.
Se hunden mis pies en la playa
cuando en orlada puntilla,
la espuma que las sirenas bordaron
para adornar la orilla, llega.
Vago entre las olas con mi unicornio,
bebiendo savia de luna
la sal marina me inunda,
y los tritones sonrien
cuando la noche me acuna.
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